DICEN QUE LO QUE NO TE MATA TE HACE FUERTE…

diciembre 6, 2010 en 14:38 | Publicado en personal | Deja un comentario

Y así es. Cada día me hago más fuerte que el anterior. He pasado de un estado de debilidad absoluta a ir recobrando mis fuerzas poco a poco y se puede decir que casi soy la misma de antes, pero más endurecida.

Se endurece el caráter de ver ciertas cosas que suceden a tu alrededor y tú, impotente, viendolas pasar sin hacer nada por la debilidad que tienes en ese momento. Lo cierto es que no se te olvidan nunca. Y cuando te sientes con las suficientes fuerzas, vas haciendo que a cada cerdo le llegue su san Martín.

Mi hijo me ha dado, como no, más ánimo ante las adversidades si cabe, e indiscutiblemente me hace más fuerte frente a los demás. En los pocos días que tiene, me ha hecho no ser tan comedida,  o políticamente correcta en mi discurso frente a otras personas y enseñarles las largas y afiladas zarpas de madre a quien se cruce en nuestro camino.

Hugo es intocable,  por encima de mi vida y de todo y todos los que se atraviesen. Nunca me hizo falta ser madre para saber que esto es así, ya lo sabía desde mucho antes. La sangre tira demasiado, y se nota…ya lo creo que se nota.

Por suerte o por desgracia yo no tuve la oportunidad de que mi sangre me tirase hacia mi familia en la infancia, una abuela despegada, otra despreocupada, tíos y tias ausentes, padrinos sólo de nombre, desavenecias familiares por herencias y líos varios me hicieron renunciar a disfrutar de todos ellos, o de la mayoría de ellos, de su calor y  de su amor. Ahora no quiero que mi hijo pase por esa misma experiencia, pero es algo que no depende sólo de mí.

Me encargaré de su felicidad hasta donde pueda, y lo malcriaré en mis brazos como corresponde, para compensar todo el tiempo que pase sin él, como madre trabajadora que soy.

Dar el pecho es una experiencia maravillosa; crea un vínculo entre madre e hijo aún más fuerte si cabe y te produce una satisfacción inmensa. Por eso nunca entenderé a esas madres egoístas que no dan el pecho a sus hijos pudiendo hacerlo, alegando razones estéticas u otras gilipolleces.

Él nota mi presencia, mi olor, e igual me ocurre a mí, Hugo huele de una manera especial, ¡y no me refiero a las cacotas, jajajajaja!.Huele a mi, a algo mío, a algo que reconozco propio y que distinguiría entre un millón. Igual le ocurre a él. ¡Es algo asombroso!

Su piel es suave, rosada y sus ojos parecen dos faros alumbrando en la noche de tormenta a cada barco que cruza la mar. ¡Qué voy a decir…si soy su madre! Y no es porque yo lo diga, pero es un niño precioso, fuerte y sano, que viene lleno de vida a darme vida y alguna que otra noche en vela, que con gusto, pasaré.

 

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